TIPS FIRMATENSES: Las infancias, la San Juan y Billetera Santa Fe
Hay situaciones que uno puede arrastrar de la niñez y protagonizarlas en la adultez sin que sufran modificación alguna (salvo el sonido del cuerpo). Una de ellas es andar en bicicleta, hoy hasta suena cool que uno ayudé a cuidar el medio ambiente –la otra mitad se la devoró el capitalismo salvaje- pero es un medio de transporte muy gauchito. Pedalear es exactamente lo mismo a los cuatro, cincuenta o setenta años. Transitar por los barrios ha cambiado por el crecimiento de Firmat y eso es bueno.
El andar sabatino me llevó por las arterias que son ADN de los barrios, fundamentalmente por ser calles largas. La calle San Juan es de las más comerciales y diversa que pueda ofrecer nuestra comunidad. Encontrás ferretería, forrajería, lavadero, peluquería, mercadito, kiosco, agencia de viajes, locales de indumentaria y lo que necesites. El andar barrial sin apuro acompaña ese hilo conductor que desafía las leyes del marketing 2.0 y que se puede transitar desde Libertad hasta chocar con Italia.
Hablando de la niñez y de este domingo de festejos y ventas, Billetera Santa Fe es algo así como Messi llegando al PSG, te da beneficios permanentemente por más que su aparición sea reciente. Multiplica tus recursos comprando…y achica el impacto de la suba de algunas muñecas que van desde las cuatro a nueve lucas y capaz que me quedé corto. Escuché por ahí que alguien habló de “bolsillos flacos de la gente”. Olvidó los precios a lo Principado de Mónaco de algunos juguetes (apele a la memoria para recordar las ventas del 2018 y como estaba Vassalli cuando gobernaba la elite financiera de Mauriyio).
Un par de postales firmatenses que son novedosas me vienen acompañando gratamente, una de ellas es la de la salida a tomar algo los sábados a la tardecita, otra la de los mediodías con bares abiertos los domingos, la “nueva” fábrica Vassalli que premia a quien complete el cuadro de vacuación Covid y el parque Tiscornia/Joubín que sin autos adentro y con la gente sentada en diferentes lugares queda hermoso.
Como el protagonismo de esta semana fue de la infancia, me despido con un pequeño detalle de vecines. Ayer domingo cuando volvía de comprar facturas para desayunar con mis hijas, la señora que vive abajo del edificio -suena muy Rosario ¿no?- cuando la saludé -sonrisa de por medio- me devolvió: “feliz día”. Era verdad que uno sigue conservando algo de aquel niño en la adultez. ¡¡¡Vacunesennnn!!!
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