COCO, EL PEQUEÑO GIGANTE

(Por Eduardo La Negra Bigotti basado en testimonios de Jorge Pellegrini su hermano y Pila Bustamante ex jugador de Coco)

A un hombre de fútbol muy querido, la simpleza lo puede llevar a los lugares más reconfortantes. Encuentra en sus fieles seguidores las voces justas para sostener un maravilloso relato atravesando épocas. Nadie por estos lados se propone ser un mito. En todo caso, el paso del tiempo va recolectando historias, despertando cariños, otorgando reconocimientos, reivindicando amores y entonces un pequeño gigante ingresa en el Olimpo cuevero.

Sin proponérselo –o sin saberlo nosotros- y despertando asombros, logró entablar un noviazgo con la pelota que rompió con las historias de amores imposibles. Sus valores le dejaron en claro la pilcha que tenía que ponerse en cada ocasión. De gala pare pegarle con gran técnica a la pelota, con aires paternalistas para visitar a sus jugadores cuando la cosa no pasaba por el fútbol, de gran compañero por no ser expulsado nunca en un partido, siempre del mismo color celeste cuando lo tentaban de otras ligas, de adelantado para sus tiempos cuando trazaba un destino,  de prócer –como dijo Pirulo Rodríguez- cuando hablaba en un vestuario.

En cada conversación futbolera de las diferentes generaciones de Argentino, el nombre de Coco Pellegrini va, viene y nunca desaparece. La claridad está en un legado muy humano y futbolero:

“Un equipo de fútbol es como una familia, tiramos para el mismo lado y nos defendemos entre todos”

¿Puede un club de estos lados aspirar y tener ídolos terrenales? Si, Coco Pellegrini es la prueba más contundente de aquellas pasiones,  estás banderas y las historias que podemos seguir contando. Hasta siempre Coco, tenemos tu camiseta está guardada porque algún partido volverás a jugar por aquellos lados.



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