EL SOBRENOMBRE Y LA PERSONALIDAD EN EL FÚTBOL DE LIGAS

Un sobrenombre se lleva con elegancia, con prestigio, con dureza y hasta con el amor de los hinchas. Una vez que te lo sueldan no queda  mucho más que homenajearlo y llevarlo puesto domingo tras domingo. En nuestro territorio, el  amateur, te sigue hasta  en el laburo y en el barrio.

No hay formularios de rechazos cuando se lo siente en el pecho,  se  infla y no se frunce. “Ahí la agarró El Mago”, que más podríamos agregarle al oyente. Para un relator nada mejor que uno , breve, directo que lo diga todo en dos silabas. Mono, Indio, Potro, Corto, se hacen espuma en la boca cuando se llena de rabia el partido. O se alimenta de fragancias cuando se florea el diferente en un partido tan cargado de emociones que de tanto goce, el relator queda solo en la cabina con el público yéndose con la radio a todo volumen.

Que maravilla debe haber sido dominguear en radio de la mano del Mago Herrera. Cuanto goce para un sobrenombre que solo él podía llevar. Eran funciones las que regalaba con su galera y sus trucos quiebra defensores. Rompieron el molde después de él por estos lados,  único e irrepetible. Su paso por todas las canchas del sur de Santa Fe debería haber dejado un banco de sonido de exclamaciones de tribuna y relatos imposibles al que habría que regresar después de un feo empate en cero.

Cuanto poder en el área cuando alguien decía Mono y lo asociaba con Ibarra. Pisando su territorio fértil, fiel al dicho que lo anunciaba “con navajas”, el letal cabeceador fue otro de los que pudo haber dado tela para cortar con su presencia en su geografía de gol. Como no decir “Y ahí va El Indio”, cuando Sacarías surcaba la mitad de cancha y se llevaba puesto a todos, o cuando rengueando llegaba hasta el final del partido poniendo la cara por los suyos. Cuanto campito en cancha grande.

Los hubo marcando a fuego épocas, en Alcorta se deben haber llenado de encanto cada vez que jugaba Pichino. En Venado, un colectivo hizo las delicias de mucha gente, se hablaba de “La Biblio” como si se tratara del Diego. Todavía hay quien quiera seguir los pasos de “El Bife” por la Liga del Sur.

No se olviden ni renuncien a los sobrenombres cada vez que piensen en modo fútbol,  necesitamos música para nuestro oídos cuando llega el lunes. Demanden con abogados si es necesario si escuchan la alineación y están pelados de apodos. En todas las épocas dio gusto escuchar “Sacala Mota” cuando las papas ya habían quemado,  o “andá a cabecear vos Cache” en busca del gol del triunfo. Ni hablar de “encárgate del nueve, Pila” en los años ochenta o atravesar un momento caliente con la frase “está bancando todo  Monte” como bandera en las primeras décadas del nuevo siglo.

El valor del sobrenombre no está puesto en consideración por la FIFA y no abre debates en la pantalla. Lo ponemos nosotros para que la historia siga viva, para que en el presente continúe regalando estrofas de música futbolera que cada domingo  canturrea algún relator que se convence de estar contando la final del mundo.



 

 

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