HACEDOR DE RECUERDOS IMBORRABLES
Es uno de esos días, chocándonos como quiere la pandemia, a distancia y ahora también acongojados. Como acomodarse para recibir una noticia así, con quien poder desentrañar semejante mala jugada del destino. ¿A quién echarle la culpa? Ahora, en tiempos de pandemia y sin poder abrazarnos para llorar juntos esta noche.
Justo él que las gambeteó todas hoy nos obliga a decir que se manchó la pelota, nos tenía escondida una injusta jugada final a pesar de todo nuestro amor. Como siempre se hizo dueño de la pelota a pesar de nuestro cariño y jugó como quiso, o mejor dicho como pudo o lo aconsejaron.
Ahora que ya no aparecerá en los medios o en una cancha podremos hablar más fuerte que nunca en las próximas juntadas, porque es –junto a nuestros seres queridos que ya no están- el único Hacedor de recuerdos imborrables. Los de aquella adolescencia ochentosa que me hicieron parar en la silla de una colmada sede de Argentino contra los ingleses, o ese maravilloso renacido que descargó su nudo en la garganta frente a Grecia en Estados unidos, ni hablar de ese último que fue recibido en su llegada a Gimnasia desatando un movimiento sísmico en La Plata. Recuerdos cargados de magia, epopeyas futboleras marcadas a partir de sus dichos y victoriadas en un estadio y en nuestras juntadas.
A aquellos que nos invitan a mentir como sin nosotres no tuviéramos infiernos , esos que castigan porque se muestran como infalibles desde algún territorio insensiblemente moral, les decimos, Diego no escondió sus flaquezas, sus dolores y sus necesidades afectivas, por eso es tan querible. Vivió, a su manera.
En un mundo donde ganan los que se esconden, Maradona abrió bien grande la jeta para decir, hasta lo que no había que hacer. Es un todo, te guste o no te guste, era uno y varios, era impuro y adorable, tan explosivo y –si estaba cuidado- lúcido.
Muchos de nosotros que de pedo podemos ser uno, no vamos a cuestionar a uno que ha sido varios en el medio de tormentas y pasiones. Cargado de emociones, imperfecciones, deseos y amores. Casi como un Perón del fútbol quedará para siempre en nuestro castigado corazón. No expliquemos más nada porque nunca seremos él, cuando se nos llenen los ojos de lágrimas en los próximos días y nuestros hijes nos pregunten ¿Por qué?, Recordemos que hoy no nos pudimos abrazarnos para llorarlo, hagámoslo con una sonrisa cantando Marado, saltando junto a ellas y ellos para que se escuche allá arriba, así La Tota que lo estaba esperando, lo cuida y lo manda a la cancha en el último juego celestial.
Texto Eduardo La Negra Bigotti
Gráfico Alejandro El Dió Moris

Gracias Negra querido.. Siempre tus escritos me me enciende el gusto de leer y admirar lo que haces.. Hermoso pensamiento sobre el Dios terrestre y aplaudonnn para mi amigo Ale...
ResponderEliminarGracias totales de parte de ambos.
ResponderEliminarCrack!
ResponderEliminar