INFUSIONES AFRICANAS EN EL BARRIO LA PATRIA

No necesitan evidencias científicas para saber si las plantas que tienen sus macetas en las ventanas son sanadoras, alcanza con la fe y la esperanza que arroja cada una de ellas al despertar. No es un fin que justifique los medios, es una verdad con lentes de madera. Si existe el terraplanismo, todo puede suceder, han dicho Las Madronas en la Carnicería del Horacio.

En esta última semana cuando la pandemia paso a fase julepe en el sur de Santa Fe, sacaron a relucir su costado de chamanas y descubrieron talismanes naturales en la flora barrial. Las mañanas tienen mates con hojas de ciruelo africano y las tardes meriendas con rayadura de vaina de Acacia Tortilis. Planta que nace en el Sahara Central y entre los malvones de La Patria. Creen que en estas infusiones hay hermosas y llamativas motivaciones que deberían ser divulgadas por los Centros de Jubilados.

Por estos días amanecen saludando en suhailli y cierran la jornada con un hasta mañana en Kikongo como lo hacen los pobladores de los bosques de la República Democrática del Congo. En los jardines se esconderían purificaciones varias que la O.M.S. intentaría investigar. Van desde la prosperidad económica –no abundancia- que se encuentra en ramas y flores, hasta el poder contra los divorcios de bichos bolitas que torean afinados. Esto último muy difícil de comprobar y ha planteado diferencias entre las mismas Madronas.
El furor ya es tendencia, una correntada de sentido que nace en el feng-shui y finaliza en una cura del empacho alternativa y virtual. La idea es que pase de generación en generación para que el testimonio verdadero de estos tiempos egoístas, pueda ser contado, encriptado, para que las élites –que son de no leer tanto- abandonen la posibilidad de desentrañar lo que allí se cuenta. No les importa que disputen con portavoces bien pagos que cuentan realidades guionadas más que verdaderas historias.

El encierro además de ser rompe pelotas, puede llegar a ser creativo. Las Invita a tejer con ojos cerrados, a cocinar partiendo del aroma de un vecino y no del deseo de los comensales y a gritar por la ventana cuando la temperatura es bajo cero, como lo hacen Uganda en la única mañana fresca del año.

Ya comenzó a pasarse de generación en generación en nigerongolés y por watshapp este nuevo legado. El texto original se atesora en la Biblioteca, fue escrito a máquina de acuerdo al sonido de quien lo dictó sin utilizar el diccionario de Angola porque le faltan hojas.

Mientras la ciencia y la medicina apuran su paso en busca de vacuna, pastilla, ungüento o alguna propiedad nueva de la caña con ruda , Las Madronas detienen el tiempo, ponen una pausa para mirar a su alrededor, sienten que no son escuchadas. Entre rezongos y lágrimas por el vuelo final de la mateadora Mirta, recomiendan no comprar zapallitos que se fueron a ciento cincuenta mangos y barbijear por más que el día suene festivo, el sol invite a besar y la cerveza tiente más que tener al Diego fumando un habano en el patio de casa.

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