BAR BIJO

Los hay bellos, bellísimos, a tono, furiosos, normales, casi espaciales, cautivantes, llamativos, extravagantes, apagados, rockeros, futboleros, y hasta para las infancias. Se estiran con el tiempo, se ajustan en el estreno, se mueven de tanto hablar, se corren para llamar y ser bien recibido. Su función “medicinal” escapa a los siempre mal queridos jarabes para niñes, inocula sin dolor, no se toma en dosis, protege sin ser infalible. El amor también sabe de él, invita a imaginar esa boca con la que te estoy tirando un beso a la distancia, juega con la trompa que te regaló un íntimo para robarte un sonrisa por celular, se cae y deja fluir en la intimidad y convivencia sin decirle a nadie. Están los que reflejan personalidad, esa primera valla para demostrar agresividad de comics. Alguno lo muestra con hambre de gloria y otra busca una bocanada de aire que no sea del humo de las islas. También suelen ser una promoción publicitaria ambulante sin pauta pagada, un grito de gol contenido con el escudo de tu pasión, una expresión que invita a la sonrisa para quienes pasen cerca y una Pepapig en familia, toda apretada como en estos tiempos. No es una invitación a una fiesta temática. El barbijo no calla como intentan instalar, no oculta como parece, solo pide complicidad en el medio de tanto ruido, es un camino de vuelta, un salvoconducto al tiempo en que nos besaremos con pasión.

#seguíbarbijeando


FOTO: @patriaciaesle

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL SECRETO DE CHUCHO (Cuento de fútbol)

NO LA VEMOS

EL PICHI Y EL VIEJO ROMA