NAVIDAD EN LA CIUDAD

Recién comienza la noche, todavía no hay registros claros de Papá Noel, según google anda por Costa Rica. Las calles comerciales han conseguido aplacar su sed de último mes, todo se ha cerrado antes, por suerte. Ya por la mañana el congestionamiento de changuitos en el súper a puro vino cerveza y garrapiñada, anunciaba que habría noche buena.
El caminar solitario que llevo por una Firmat que parece estar en Paz, me habla de un suspiro que huele a cambio en el humor social. Más allá de los coletazos que ha dejado la crisis, la mano invisible del consumo interno da respiro y aparece por los negocios como un rayo peronizador.

Música para nuestros oídos dice el emprendedor gastrónomico moviendo la cintura en un lunes nocturno que gastó al ritmo de Los Palmeras Junior y que dejó flaqueando los cuádriceps del símil Papá Noel de Santa Fe y Entre Ríos.
Ya se apagó la tardecita y con ella se encendieron las brazas, los abrazos y las juntadas. Hago un corte transversal de la ciudad, de centro a barrio céntrico acompañado de garajes y patios delanteros prolijos y adornados para la ocasión. El calor se siente, el viento que desparraman los árboles de Las Malvinas también. Sobre el final cuando voy saliendo de la plaza a una cuadra una silueta recorta con su voz y suelta: “¿Papá Noel sos vos?”, su acompañante está ahí juntito a él, un niñe que repite la misma pregunta. Expectativa e inocencia. Lo vuelven a hacer y yo ya estoy en la otra vereda, quiero contestar en nombre del Gordo, no me animo porque parece que me ven. Ya me voy para la otra cuadra y me reprocho por no haber gritado “Si soy yo”. El grande no me lo y hubiera reprochado, es más, hubiera encontrado el compañero perfecto para recibirse de héroe ante su pequeño compinche.

Sonando a imbatibles, con el humor y la palabra como bandera de todo lo que está bien, una madre y sus dos hijes que pasan los cuarenta se acomodan en un patio. Esa noche es su lugar en el mundo. Una guitarra de un patio vecino amaga una y otra vez, esperan que arranque pero nunca llega la chacarera o por lo menos la zamba que juegue como cortina de fondo. Puede estar todo cambiado, pero si es para mejor lo acompañamos con un par de tragos. Vino, blanco y tinto como lo aprendieron en casa y de a cuatro.
Ahí anda a las doce de la noche apareciéndose, con muchos menos sonidos by pólvora. Una video llamada busca a ellas, las pibas de papá. La abuela plancha, la tía sonríe, las nenas disfrutan en otro lugar. cómplices de la intensidad de una niña que excitada no para de mostrar sus regalos, entienden que siempre se trata de eso.
El viento, el tierrerío de una jineteada azotan las primeras horas de la navidad. Por las calles pibes y pibas que van en una sola dirección, la de la fiesta que garpa para todes. Tierra, ruido, joda y un viento que no hace escarmentar a nadie. No hay lugar para trazo fino, se sale o se sale. El frío no ha derrotado a ningún corazón que busque soldarse esa noche. Aseguran que en la colectora la espera vuela pelos y las chicas quedan como Doña Florinda o como Marilyn con sus polleritas al viento y al ritmo de un Dj que arrancó como en Ibiza. Seamos Garden y que lo demás no importe nada gritan unos pibes desde un auto cuando aparece el día.

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