VEREDAS DEL SABER EN EL BARRIO LA PATRIA



Reuniones, Congresos, Simposios que pueden cambiar sentidos en el mundo o que inviten a un revisionismo que pueda poner dudas sobre la humanidad existen en todas partes.  Juntadas en veredas que además tengan aspiraciones mundiales en temas que nadie abordaría solo en el Barrio La Patria. Haber desregulado el  libre palabrerío, permitió la proliferación en las veredas de la siempre ponderada sabiduría de madre con un punto de encuentro clave en la calle Domingo Cera.

 A espaldas del Centro Económico, El  Colectivo de Mujeres Posta del Barrio La Patria ha decidió empoderar a quienes estén dispuestas a divulgar y discutir fronteras afuera de la jurisdicción los temas que calienten más de una pava para el mate. Advierte que al no tener curriculum y títulos formales se toparán con críticos a los que se pueden empujar al costado del camino.

En este territorio podrá hacerse famoso quien se atreva a adivinar el futuro o quien entregue verdades nunca antes dichas. Dicen que leyendo la borra del café o tirando las cartas se cosecha prestigio en todas partes de la Argentina, aquí debe incluir un plus  de audacia, algo que suene desafiante. Se necesitan tomas de riesgos, conjeturas jugadas que permitan arrastrar la discusión meses y meses para volver tarde tras tarde a la misma vereda con la silla en mano y las cuerdas vocales recuperadas. La más impactante revelación del comienzo de esta onda  la dijo la Dora Pereyra: El arroz con leche cura la envidia. Ya había patentado otra que fue un éxito –y un secreto a voces- en los años noventa: los duraznos en compota alejan los novios que proponen pagar las salidas a medias. El Colectivo también patentó una en grupo tras meses de acalorados debates en la sede de la vecinal: la mayonesa casera se corta si aparece un infiel en la cocina.

El futuro inmediato es el tema y el hilo conductor de cada charla en estos tiempos. Dicen, que es leyendo el repulgue de la empanada que se reconoce los próximos instantes de la vida de quien lo pregunte. La proximidad al alcance de la mano, susurrada en el oído izquierdo y con la consistencia de un saber que por un par de días da en la tecla con el amor, la locura o el julepe. Algo no tan prometedor, si se lo  compara con el manuscrito que describe que la teoría del big bang se emparenta con el juego de la payana, papel que se encuentra enterrado en el patio de los Pérez.

Se han desestimado los diferentes libros de la Biblioteca Popular que hablan de la certeza que entrega leer la mano. “Del futuro solo hablamos nosotras”, dijo la Marta en la carnicería de Cacho dando un portazo. Solo se leen raspones,  rasguños y moretones de torceduras según la Gringa Jaime. Resultan más genuinos y son de lectura fácil de acuerdo al saber de las Acaparadoras de enredos que se juntan en la calle Zurita.

El más resonante caso de la historia firmatense que dejó boquiabierto a un documentalista noruego,   es el hallazgo de una enagua perteneciente a la Diosa Afroguita, la amante del fiado. Cuenta la leyenda que al frotársela en el cuerpo permite estirar la incomodidad de fin de mes, sin que los cobradores propongan lo contrario.

Cada tarde el ritual de la verdad revelada es una postal del barrio, se naturaliza entre niños que corren y adolescentes que no saben para donde agarrar después de escuchar. Ya no asombran los inspectores que camuflados como vendedores callejeros, buscan sacar información para enviar a una nueva dependencia nacional que tiene al barrio entre ceja y ceja.






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