LAS FRASES DE EMILIA


(Basado en los dichos que Julia y yo fuimos rescatando)

El lenguaje de Emilia regala fantasías, no tiene porque esconder, es al natural como el de todes les  niñes. Es directo, impensado,  gracioso, descontracturante. Las palabras de Emilia esconden otro mundo  más vivible que este y que por lo que muestra ella, vale la pena habitar. En ese universo la mascota es “el gato con gotas” que no se anima a probar la “miel picante”, “las tortugas no se quedan quietas, se quedan movidas” y “el lobo se limpia con un chanchito los dientes”. Es una fauna que no le envidia nada a los bosques de los cuentos de “Biancanieves”
Los objetos son animados, viven expectantes, están al acecho como la tecnología. A tal punto que “la computadora me hizo caer postre en la ropa”, o inician sensaciones y experiencias únicas estremecedoras al grito de “me duele el pullover”. Los colores fluyen y se te pegan sin darte cuenta hasta que alguien te dice “tenés olor a algo velde”
Tiene preguntas filosóficas que estimulan y que buscan identidad ¿Cómo va a tener un abuelo yo? ¿Quién fuera sido? ¿Quién es mi hermano? Mandatos difíciles de esquivar “dale papi mirame todo el rato”. Confirmaciones fenomenales que obligan a plantear  el verdadero nacimiento de uno:  “Cuando yo nací vos estabas en la panza de mi mamá”. Ratificaciones que aclaran el panorama “si todos son malos, los que pegan no van” y verdades que no lastiman “papi tu oreja tiene olor a masa”.  Todo esto es la resultante de una gran verdad “los animales son como los animales, como todas la cosas son personas”.
Se constituye de momentos: “Papi todo el rato quiero ser un conejo” dice en el medio de una tarde alegre. “Poneme un beso acá en la espalda” en una mañana mimosa. “Todo el rato inflado los cachetes”, en una tarde de cuerpos que juegan. Y habrá que estar  dispuestos a abrazar porque de noche “refufila” y podría ser en “Mayo de Agosto”.
Si preguntan ¿Algo cómo qué? Ella responderá “Como que sea caramelo”. Si se interrogan en busca de algún lugar se podrá llegar  “por el camino del sol licuado” y si buscan sembrar ella podrá decirles “dejo semillas en el piso, pero semillas de confites”.
Las frases de Emilia son un mundo en si mismo, más sano que el que le estamos dejando y es bueno que ella nos muestre otro sin tantas reglas, sin prejuicios, sin violencia, sin formalidades… tan puro como “un pedo fuerte que hizo duido como una tompeta”.








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