EL RETO AL DESTINO EN EL BARRIO LA PATRIA
Los solsticios
barriopatrienses predisponen a la reinvención a
los oriundos y residentes del barrio. Son días en los que el corazón
saltea a la razón buscando sofocar broncas, son jornadas propicias para dejar
atrás el peso de la verdad dice el estatuto de la Vecinal. Momentos que apagan reyertas
de mínima intensidad, anulan peleas familiares originadas por vinos camorreros
que no tuvieron sentido y dan esperanza a los buscones de nuevos horizontes
Se dice que no cualquiera puede atravesarlos,
aunque es bueno que todos lo intenten s i sienten que el destino es capcioso. A
quienes no se animan y rechazan reto, las madronas del barrio les hacen
pasaditas por sus domicilios casi como en busca de una vacunación obligatoria.
Se han escuchado sinceramientos de pintores asegurando que siempre quisieron
llamarse Raquel o Bianca, y gritos ensordecedores que entregaron una única
expresión entendible: River.
La historia más
llamativa lo tiene como protagonista a Quincho VI quien asegura que el destino
le aseguró que olvidar sus orígenes de magnate francés lo haría feliz en La
Patria y como fue así no tiene más nada que reclamar y no atiende la puerta
cuando se lo llama.
Si se
atraviesa con prendas rojas la intensidad será enorme, si se lo hace con verde
la esperanza invita a un sinfín de preguntas de fáciles respuestas . Si es con
amarillo –en el caso de los varones- uno cambiará slip por bóxers hasta la
eternidad.
El solsticio
barriopatriense empuja y moldea,
inquieta y desafía, Provoca y convence. Los vecinos insisten en entregar
certificados a quienes lo atraviesen porque es un mérito intentar y una
conquista volver a empezar. Al día de hoy nadie ha reclamado intentar ser
otro y con el destino soplando en la oreja, nadie vuelve sobre sus pasos porque
las pisadas han sido borradas por las comadronas.
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