CURACIONES EN FIRMAT
En el sótano del
Bar Tiriki curan el mal de ojos frotándole a los parroquianos, una pepona
traída de Kuwait. Es un ritual lento pero consistente dicen. Se apaga la luz,
se escuchan ruidos de gallinas, se ondulan los cabellos y sobre los ojos, alguien que no es el dueño
del bar frota incesantemente la pepona rubia de trenzas. Hay quienes dicen que
no solamente cura el malestar, también permite ver la verdadera cara de La
Llorona si uno frunce rápido el que te jedi.
En un Kiosco de Carlos Casado preguntando por Nicola, se puede acceder a la cura del insomnio. El
ritual habrá de intentar comprar un producto que no esté disponible y que
generé una expresión sin precedentes en el kiosquero. El asombro entreverado
con el enojo, lo pone en trance y con una voz ronca tipo Mariano - el pensador
oculto de Boulevard Solís- el señor en
catorce segundos exactos, tatúa en el cuerpo del cliente la respuesta a la cura
del mal. Hubo casos que no resultaron como se esperaba, hay vecinos que se
retiraron ofuscados con pequeñas frases grabadas en sus espaldas. Pata e lana tenías que ser, es la más
frecuente.
En cuanto a la cura
alternativa del empacho, hay que decir que es una teoría firmatense que nos
llena de orgullo. Con batón o enagua, el mayor integrante de la familia del
empachado, se sube a la primera bicicleta que encuentre en la cuadra y da
incontables vueltas alrededor de la manzana. Después de la vuelta setenta,
comienza a preguntar cada vez que pasa ¿Te sentís mejor? En caso de no mejorar
debe tomarse la Ruta 33 hasta Villa Divisa de Mayo juntar rosetas repitiendo la
frase: “cuando te acercás a la
naturaleza te acercás a ti mismo”.
Al día de hoy en
el Barrio La Patria está en fase de experimentación el fin de la culebrilla. La
auscultación del paciente con un quimono con la leyenda “Frote y vuelve”, el
masajeo con güiro sobre las zonas del conflicto al ritmo del popular hit “Que pasa Pascualito”
de Don Ricardo Guidobaldi, son dos hipótesis en desarrollo que buscan ganar
terreno a espaldas del Colegio Newman de Buenos Aires, que poco sabe de sensibilidad
y mucho de rosca privilegiada.
Hay quienes se
animan a decir que en una terraza y en pleno Barrio La Hermosa, una voz susurra
las noches de primavera, todas las respuestas para aquellos sensibles que
extrañan. Ahí no están hablando e curaciones, se habla de verdades que duelen.
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