LOS MODERNOS DE SIEMPRE
Somos
de incorporar innovaciones en el club, lo hacemos porque nuestra historia así lo
dice. Fuimos los precursores de bidón de
Branco, lo concebimos con buñuelos una tarde de visitantes y en Arteaga, se lo
dimos al técnico nuestro y estuvo dos semanas en cama. No hacía falta tanto
para que renunciara dijo La Elvira.
Siempre
quisimos estar un paso por delante de los rivales. Grandes tardes, conmovedores
recuerdos y epopeyas que animan timbas
de sedes después del almuerzo, habitan nuestra querida cancha. Como no recordar
la irrupción de las calzas en el fútbol profesional y su esperable llegada a
nuestros domingos. A cada hecho siempre le pusimos nuestra impronta y en eso
tal vez nos fuimos un poco a la mierda en esa época. En aquella oportunidad al
no tener en la tienda de La Mari las calzas que usaba el Turco Mohamed, lo
resolvimos con cancanes muy lindos que cortaron y cosieron a la altura de las
rodillas las abuelas de nuestros muchachos. Desde bailarinas hasta manga de
zotas nos gritaron todo el torneo.
La tecnología también nos pudo, tardamos tres semanas en pulir la idea del telebeam propio. Fue difícil convencer a Carlitos el filmador de cumpleaños y casamientos para que pudiera primero ponerse en forma y bajara dos decenas de kilo, así le dijo la Nutri, para correr atrás del línea, después para que entendiera que bien pegada con cinta de embalar la cámara no se iba a caer y por último que el pedazo de tejido que le habíamos pegado adelante no se iba a romper. Fueron un par de domingos hasta que el tropiezo con el botiquín del Deportivo lo dejó culo parriba y con el banderín del línea clavado en la oreja. A Buenos Aires tuvimos que mandar la cámara arreglar y nos salió tres polladas.
Como no contarles cuando el yoga nos atrapó y desde el primer integrante de la comisión hasta el último suplente comenzaron a practicarlo. Tuvo resistencias, era demasiado para semejantes muchachones que buscaban chocar, reventar la pelota y después si la cancha te dejaba dar tres pases seguidos. Cuando la mayoría le agarró la mano, el instructor solo pudo venir los domingos después de almorzar y ese fue el principio del fin. Fueron tres jornadas de pasividad, armonía y goleadas en contra que no pudimos defender ante nadie.
La sucesión de penales cometidos en diez fechas no fue modernidad ni vanguardia, fue la falta de preparador físico más la lluvia seguida de 8 semanas la que puso a nuestros defensores desalineados, rústicos y fauleadores en el área. Eso queremos dejarlo claro, no quisimos ser adelantados, en todo caso fuimos muy honestos con nuestras carencias.
Seguimos
siéndolo, nos reconocen por ser los primeros que le escondimos la llave de un
Palio a los árbitros después de un clásico. Sinceramos nuestro error de
meternos en la moda y con la indumentaria de nuestro entrenador Alcides Merlo. Aquella
tarde, persiguiendo la elegancia del Cholo Simeone lo vestimos con pantalones
chupinos y camisa negra un día de sol rabioso. La apretada cintura, el cierre
difícil de bajar y el asombro de su mujer viéndolo desde el alambrado lo
hicieron mear encima en la mitad del primer tiempo.
Y al
famoso Hat Trick no le tuvimos miedo y le pusimos nuestra impronta. El último
domingo al Chato Domínguez después de
clavar los tres golazos le ofrecimos tres kilos de vacio cuando terminó el
partido para que no nos dejará sin pelotas en las prácticas. Ya
saben si de innovaciones se trata allí nos encontrarán, dando el pitazo final con una corneta coneccionada con restos de gliptodonte choreados en un campo de Villa Mugueta.
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