EL TOQUE FEMENINO DE NUESTRAS LIGAS


Nuestro fútbol se enalteció con el toque femenino. Costó mucho al principio, El Pituco Ernesto Sárquiz fue fundamental  rompiendo los moldes. Como padre de cinco mujeres, sabía de lo que hablaba y en menos de tres temporadas había cambiado las charlas de camiones y carreras del TC por las de depilaciones definitivas, entre otras cosas. Ese halo perturbador de los primeros meses, pasó a ser  una bandera  con puntillas al crochet que enarboló los años posteriores. Reuniones de todas las ligas  a las que caía con la impronta femenina. Ruleros atados a la hora de dar el ticket en el bufet, rouge marcándole la hermosa trompa en un sorteo del Mundialito,  un ingreso triunfal y despampanante al clásico de Casilda, provisto de un provocativo camisolín y sus piernas peludas.

 Lo hizo todo, inclusive ser segunda princesa en los carnavales de Miguel Torres. Fue su causa,  hasta el pelo se planchó un verano. Consiguió que ese costado puntilloso, atractivo,  cargado de amor y  de verdades de mamá, terminara siendo una caricia en algunas tardes y un baldazo de agua fría para desprevenidos en otras. A partir de ahí, nuestras madres  influyeron decisivamente en la carrera de nuestros jugadores, en las de los consagrados corriéndole chinitas que venían por la fama de sus hijos y poniéndole los puntos a algún representante, en las del grupo del futbolistas del montón insistiéndole al entrenador detrás del tejido para que pusiera a su nene y en las de los matungos, zamarreándolos cuando venían desesperados al bufet en busca del cuarto choripán.

Su presencia se palpaba y apreciaba. Camisetas planchadas con almidón con la dureza de una chapa para que el rival no las pudiera manotear en algún córner, cintas bebe que emulaban las vinchas a lo Caniggia que se terminaron  imponiendo en la retacería Cafferata , besos en la frente con tejido de por medio para el goleador que con un penal convertido volvía a sonreír después de meses de lagrimas en la almohada, caricias de entretiempo  para arqueros que a mitad de partido ya se habían comido cuatro goles y buñuelos o chichirichada de la semana anterior para arrojarle al línea cuando no levantaba la bandera.

Hay nombres propios que vale la pena enaltecer. La querida Gorda Arleo  ofició de voz del estadio  el día de la madre la cancha de Huracán, esa tarde abrió el micrófono en la mitad del partido para aconsejar a su hijo más grande con estas precisas palabras: “Agarrá una pelota que estás hecho un marmota Mariano, anoche te dije que dejarás de franelear con tu noviecita en el living”. La novia, hincha fanática de Federación, empujada por sus amigas le respondió del otro lado: “María Nieves –así se llamaba La Tota- yo lo hice por mis colores… igual lo quiero en serio, no como la anterior que te comía los ravioles del domingo y después te sacaba mano en tu peluquería y en tus narices”. Y estalló la ovación de las dos hinchadas.
La Tía Kecha inició su prestigiosa carrera como reclamadora inagotable, una tarde en un amistoso en Chabás. Ella era de Argentino de Firmat y visitando parientes terminó en la cancha con sus cuñadas. Con tranquilidad y un falsete agudo poco conciliador le dijo al entrenador firmatense que dirigía a su  sobrino: “Zurdo  ¿Por qué sacaste al Mariano? Ya vas a ir a pedir fiado el lunes, a chancletazos te voy a correr”

Verdades que clarifican a los gritos, brazos que se agigantan para contener hijos derrotados, correctivos directos y movilizadores que cambiaron resultados gracias a los coscorrones a los líneas, miradas que fulminaron rivales que cometieron leves infracciones a sus nenes. Entre todas esas jornadas, una de ellas quedó bordada a fuego en nuestra memoria. Fue una tarde fría y de llovizna cuando la Alicia le gritó al suplente de los visitantes  a los cinco segundos de haberse sacado  el buzo para ingresar cuando se jugaba el descuento del segundo tiempo: “No debés servir pa mierda colorado si vas a entrar a esta altura del partido”.



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